Bienvenidas y bienvenidos a la última entrada del blog. El cometido
de esta reflexión final es presentar el concepto LENGUAJE INCLUSIVO, exponer la
importancia de dicho término y mostrar algunas herramientas y estrategias del
uso del lenguaje inclusivo, con una óptica educativa, desde la asignatura de
lengua castellana y literatura.
Actualmente la igualdad de género está a la orden del día,
no porque se vea conseguida, sino porque cada vez hay más personas que luchan,
hablan y critican esta rama de la sociedad. En los centros educativos
desarrollamos programas de igualdad para fomentar el trato igualitario entre
chicos y chicas, para prevenir la violencia de género y para reflexionar por
toda esta discriminación hacia la mujer. Sin embargo, cuando entramos en el
terreno del lenguaje sexista chocamos con numerosos obstáculos. Es cierto que
se ha intentado eliminar del lenguaje varias expresiones y vocabulario sexista como,
por ejemplo: “corres como una niña” o “los niños no lloran”; y es estupendo
luchar contra estos estereotipos de género, en cambio, no se debe parar aquí la
lucha por un lenguaje no sexista.
Cuando hablamos de utilizar un lenguaje inclusivo nos referimos
a seleccionar un vocabulario que elimine o sustituya ciertas palabras que implican
la exclusión de un sexo, mayoritariamente el femenino (Fuentes, Padró, Padró, Turmo, & Carrera, 2009). No es lo mismo “todos los
alumnos deben realizar esta tarea” a “todo el alumnado debe realizar
esta tarea”. En el primer caso utilizamos el masculino para referirnos
tanto al sexo masculino como al femenino, sin embargo, podríamos estarnos refiriendo
solamente al sexo masculino. Queda incongruente de esa manera, puesto que los
niños están siempre incluidos en esa frase, pero las niñas deben averiguar si
lo están o si no lo están. En cambio, en el segundo caso, buscamos una
alternativa al masculino genérico y utilizamos un sustantivo colectivo que
englobe a ambos sexos.
De este modo, la significación del lenguaje inclusivo tiene
su base en la importancia que tiene el propio lenguaje en la sociedad y en las
personas. Este es un vehículo que no solamente utilizamos para obtener conocimientos
e información, sino que también es crucial para comunicarnos tanto en un ámbito
formal, no formal como informal. Es
mucho más que un mero elemento de comunicación “ya que hablar es ponernos en
relación con la realidad que nos rodea, con el contexto que nos envuelve y con
las personas que hay en dicho contexto” (Franco, 2013). Podemos decir que
se adapta a la sociedad de la que proviene y el uso de este “es un reflejo
de las prácticas culturales y sociales del contexto social” (ACNUR, 2018). El lenguaje es la
base de nuestro conocimiento dado que según la manera en la que lo recibimos
vamos construyendo nuestras actitudes y nuestra personalidad, por lo que
revisar la forma en la que es transmitido es crucial en la práctica educativa.
Con todo esto queremos decir, que el lenguaje español no es
sexista, sino que lo es el uso que se le da a este. Al vivir en una sociedad patriarcal
donde el lenguaje androcentrista ha sido el mayor benefactor de la historia de
la sociedad, es decir, donde se ha hecho un “uso de reiterado y/o exclusivo
del genérico masculino para denominar la totalidad de los temas sociales y
culturales” (Chile, 2016), no es de extrañar
que el lenguaje y la experiencia masculina sea la base de la lengua española. Como
dijo Franco, (2013): “tenemos una lengua extensa,
conformada por suficientes palabras como para que todas las personas seamos
nombradas y estemos representadas”, sino que a lo largo de toda la historia
se nos ha enseñado a favorecer la masculinización en el lenguaje.
Si hablamos de lenguaje androcentrista es obligatorio
mencionar el uso del masculino genérico. Nos referimos a este término cuando
utilizamos el género masculino de la gramática como plural en cualquier
contexto. Es decir, en una sala donde se encuentran 30 hombres y 10 mujeres
decimos “bienvenidos” y, en otra sala donde hay 30 mujeres y 10 hombres, seguimos
diciendo “bienvenidos”, aun teniendo una mayoría femenina utilizamos el
masculino para saludar.
Si queremos darle explicación a este uso, debemos irnos a la
sociedad actual. Como dijimos anteriormente, lo único que hace el lenguaje es
reflejar las actitudes, pensamientos y comportamientos de las personas que viven
en cierto contexto, pero es que, además, se utiliza como herramienta para perpetuar
la discriminación de género.
Por todos estos motivos expuestos es crucial el uso de un
lenguaje inclusivo en la educación. Es en Infantil y Primaria donde comienzan a
verse los estereotipos de género y el lenguaje no inclusivo lo único que hace
es alimentarlos.
Uno de los argumentos que se utilizan para criticar el tema que
nos concierne es que el uso del masculino genérico tiene como objetivo mantener
el principio de economía de la lengua y, que al utilizar el inclusivo, se
pierde. Sin embargo, a continuación, presentaremos ciertas estrategias que se
pueden utilizar en el ámbito educativo, concretamente en la asignatura de lenguaje
española, para fomentar el uso inclusivo del lenguaje. Todas estas alternativas
son recursos que ya posee la lengua, y que no transgreden la gramática e
intentan mantener dicho principio de economía.
Los desdoblamientos
Es la alternativa del lenguaje igualitario más conocida y mayor
empleada. Consiste en desdoblar, como el propio nombre suscita, los sustantivos
en los que se han utilizado el masculino genérico. Como, por ejemplo, refiriéndonos
a toda una clase: los niños tienen que salir al patio, desdoblar el
sustantivo masculino plural y formar la frase de manera inclusiva “los niños
y las niñas deben salir al patio”.
Como dijimos anteriormente, este recurso es uno de los más
empleados por lo que es también protagonista de las críticas al uso del lenguaje
inclusivo, dado que no respeta el principio de economía tan importante en la
lengua española. “La tendencia a utilizar el menos imaginativo y el menos
económico de los procedimientos lingüísticos antisexistas ha favorecido que se
extienda injustificadamente el “rechazo” a otras propuestas” (Guerra, 2016). No obstante, en
esta reflexión expondremos más alternativas a utilizar.
Sustantivos genéricos o colectivos y metonimias
Otra propuesta para utilizar un lenguaje no sexista es la sustitución
de las palabras por sustantivos genérico o colectivos. Estos son los que en singular
hacen referencia a un grupo de personas, independientemente de cual sea el
sexo. De este modo, se pueden utilizar las formas de metonimia de las palabras,
es decir, nombrar la institución o el cargo en sí, en vez de al lugar o la
persona específica. Por ejemplo: los españoles tienden a realizar la siesta à
España tiende a realizar la siesta; los estudiantes no tienen que salir de
fiesta à
el colectivo estudiantil no tiene que salir de fiesta.
Eliminación del determinante en sustantivos sin género y utilización de
pronombres y determinantes sin marca de género
Existen ciertos sustantivos que por sí solos no están definidos
por un sexo o por otro. De este modo, hay contextos en los que es posible eliminar
el determinante de estos sustantivos, así no especificar el género de la persona
o personas de la que se hace referencia. Por ejemplo: Estas personas fueron los representantes
à
Estas personas fueron representantes.
Otra alternativa del masculino genérico es utilizar
pronombres y determinantes que no poseen una marca de género. Sustituir “los
que” por “quienes”; “alguno” por “alguien”.
Barra
Este recurso se puede utilizar solamente en un lenguaje
escrito, no es válido en la comunicación oral. Para que se incluyan ambos géneros
en la frase que queremos redactar se puede utilizar la barra (/). Por ejemplo: los
trabajadores y trabajadoras tienen tiempo libre” à “los/as trabajadores/as
tienen tiempo libre.
Es una forma de mantener el principio de economía y dar una
alternativa distinta a los desdoblamientos.
Expresiones sinónimas
La última estrategia que vamos a exponer es la de utilizar
sinónimos en las expresiones u oraciones que queramos transmitir tanto escrita como
oralmente, que aporten el mismo significado que el masculino genérico. Por ejemplo:
es de todos conocido à es de sobra sabido / pueden presentarse como
candidatos à pueden presentar sus candidaturas.
También, relacionado con esta estrategia, está la sustitución
de adjetivos de género masculino por una preposición seguida de un sustantivo
que no designe ningún sexo específico. Por ejemplo: tituladoà
con titulación / indocumentado à sin documentación.
Como estas alternativas, hay muchísimas más desarrolladas en manuales,
guías y artículos de lenguaje inclusivo, los cuales pueden encontrarlos en la
última parte de esta entrada (REFERENCIAS). No obstante, hay que ser consciente
que aprender a utilizarlas es bastante difícil y requiere de práctica e
información. Con esto quiero decir que no hace falta tener un lenguaje
inclusivo perfecto desde un principio, pero sí intentar fomentar y apoyar la
igualdad de género desde todos los ámbitos utilizando, de la mejor manera posible, los recursos que posees.
En conclusión, las personas que nos dedicamos a la educación
somos responsables de fomentar un lenguaje mucho más igualitario con el que
todo nuestro alumnado se sienta representado y visibilizado. Todo esto para
lograr una sociedad mucho más equitativa y transparente desde el punto de vista
del género lingüístico.
Tenemos la responsabilidad de que, desde la asignatura de
lengua castellana donde tratamos los distintos aspectos lingüísticos, se cambie
el uso que se le da al lenguaje, el cual nunca ha sido estático y fijo, sino
que se ha ido transformando con el paso del tiempo. “Es el momento para
subvertir lo que nos enseñaron y atrevernos a desafiar y cuestionar el lenguaje
y, principalmente, dejar de entenderlo como algo neutral que no necesita ser
modificado” (Moretti, 2018).
Referencias
ACNUR. (2018). Recomendaciones para el uso de un
Lenguaje Inclusivo de Género. ACNUR. La Agencia de La ONU Para Los
Refugiados, 1–9.
Caamaño, S. R. (2018). El lenguaje inclusivo y su aportación a la lengua
española. Universidad Ponntificia Comillas.
Chile, G. de. (2016). Guía de lenguaje inclusivo de género. Consejo
Nacional de La Cultura y Las Artes.
Franco, M. T. B. (2013). El uso del lenguaje no sexista como herramienta
para construir un mundo más igualitario. Vivat Academia. Revista de
Comunicación, 124, 79–89.
Fuentes, M., Padró, L., Padró, M., Turmo, J., & Carrera, J. T. (2009).
Sistema de recomendación para un uso inclusivo del lenguaje. Procesamiento
Del Lenguaje Natural, 42, 17–24.
González, A. S. (2018). Sexismo en el lenguaje: la alternativa del género
inclusivo en la lengua española. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria,
2017–2018.
Guerra, A. M. M. (2016). Las alternativas al masculino genérico y su uso
en el español de España. Estudios de Lingüística Aplicada, 64,
183–205.
Meseguer, M. A. G., López, M. L., & López, A. L. (2008). Nuevas
generaciones, antiguo conflicto: huellas sexistas en los escritos del alumnado
de Educación Primaria. El Guiniguada, 17, 85–97.
Moretti, J. (2018). La RAE y el rechazo al lenguaje inclusivo. Letras,
25–31.
ULPGC. (2016). Protocolo lenguaje no sexista.
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